La seducción de dejarse llevar por las «buenas vibraciones»
Hay un término que circula ahora en los círculos de programación: vibe coding. Es la práctica de dejar que la IA genere el código mientras tú, más o menos, te dejas llevar, aceptando sugerencias, avanzando rápido y sintiéndote productivo. El código aparece. La aplicación se construye sola. Simplemente... fluyes.
Es una sensación increíble. Hasta que deja de serlo.
Porque la IA es segura de sí misma, pero no siempre tiene razón. Genera código que suena plausible pero que puede contener errores sutiles, brechas de seguridad o malentendidos fundamentales. Escribe funciones que parecen correctas pero fallan en los casos límite. Crea sistemas que funcionan perfectamente de forma aislada pero se desmoronan bajo la complejidad del mundo real.
Y si simplemente te dejas llevar —si no prestas atención, si no revisas, si no comprendes—, no estás creando software. Estás acumulando deudas.
Lo mismo se aplica a la escritura, al análisis y al trabajo creativo. Una IA puede redactar un artículo en segundos, pero ¿capta tu voz, tu perspectiva, tu verdad? ¿O genera algo que suena bien pero no tiene alma?
Cuando dejamos que la IA funcione con el piloto automático, no solo nos arriesgamos a cometer errores. Nos arriesgamos a perder la propiedad de nuestro propio trabajo. Nos convertimos en pasajeros de nuestras propias vidas, observando cómo la máquina vive por nosotros.
¿Y podrían perderse los puestos de trabajo?
Al final, es una cuestión de responsabilidad; no creo que la IA sea mala, de hecho, es un multiplicador.